La Sala de los Nombres. Presentación del blog

“La vida de los muertos está en la memoria de los vivos” (Marco Tulio Cicerón)

El nombre de este blog, “La Sala de los Nombres”, proviene de uno de los memoriales que existen en el Memorial del Campo de Concentración de Mauthausen, en la que se recogen los nombres de los muertos en el campo y en todo el complejo de subcampos que dependían del mismo. Se trata éste de un proyecto que intenta identificar a todas las víctimas, dando a las cifras un significado real.

En el conjunto del campo de Mauthausen y todos sus subcampos murieron más de 90.000 personas, entre agosto de 1938 y mayo de 1945, y la conmemoración y recuerdo de esos muertos es una de las obligaciones esenciales del Gedenkstätte Mauthausen. Cada día, más de 180.000 personas, más de la mitad de ellos estudiantes, visitan el Memorial de Mauthausen. Por tanto, las exposiciones, catálogos y el Libro Memorial tienen una contribución importante a la formación de la conciencia que es necesaria.

“La Sala de los Nombres” es un proyecto del memorial que rinde homenaje a los muertos, y que forma parte del proyecto “Libro memorial para los muertos del campo de concentración de Mauthausen y sus subcampos”. La Sala fue inaugurada en el memorial en mayo de 2013, un proyecto implementado por la Asociación para la Conmemoración e Investigación Histórica de los Memoriales Austriacos, en cooperación con el Memorial de Mauthausen, apoyado y financiado por el Ministerio del Interior, el Fondo Nacional de la República de Austria para las Víctimas del Nacionalsocialismo, y el Fondo para el Futuro de la República de Austria. El proyecto representa la finalización de una investigación llevada a cabo para reconstruir los nombres y los datos de los muertos.

Una de las tareas esenciales de este proyecto es la constante complementación de la lista de nombres. Además del registro completo de los datos de cada persona, un eje principal del proyecto se centra en la (re-)personalización e individualización de la memoria de las víctimas.

KZ-Mauthausen (296)

El proyecto del libro memorial y la recopilación de nombres que culminó en la “La Sala de los Nombres” comenzó en 1996 con la digitalización de fuentes esenciales y creando bases de datos. En 2006 se llevó a cabo la profesionalización del personal del memorial.

A pesar de los años pasados desde el final del Tercer Reich y de los crímenes del Nacionalsocialismo, aún mantenemos una responsabilidad incondicional para conseguir la individualización de cada una de las víctimas. Con la inauguración de la “La Sala de los Nombres”, en 2013, el Memorial de Mauthausen llenaba un cavío muy importante. Gracias a este proyecto muchas familias han podido conocer el destino de sus familiares y llenar espacios de incertidumbre en esas familias.

“La Sala de los Nombres”, el Libro Memorial, crea una oportunidad para la conmemoración y recuerdo, y permite que la historia sea comunicada de forma adecuada a nuestra realidad actual. La autenticidad que nos dan las experiencias de los supervivientes se combina con formas y medios para hacer el pasado nazi más comprensible y tangible a las generaciones futuras. Se trata de recordar a los muertos tal como eran: en su propia lengua, en la forma que ellos y sus familiares lo harían. El foco del recuerdo se centra en los individuos asesinados mismos, en las personas únicas que sufrieron, independientemente de cualquier categorización o evaluación impuesta sobre ellos por el Nazismo.

“La Sala de los Nombres” virtual es un sitio memorial más allá del espacio y el tiempo, y eleva el recuerdo a otro plano: de este modo, los nombres de los muertos no quedan sólo circunscritos a su presencia en los terrenos del antiguo campo de concentración; ya no se trata únicamente de una posibilidad para aquellos que visitan el museo en persona, sino que pueden ser vistos por cualquier persona, en cualquier punto del planeta. Los nombres, por tanto, se ven así transpuestos a una esfera que hubiera sido completamente inimaginable para las víctimas durante sus propias vidas y que les permite, asimismo, ser parte integral de una memoria universal aún más amplia.

“La Sala de los Nombres”, tanto real como virtual, es una garantía para el futuro de que el proceso de recuerdo no acaba, sino que se mantiene siempre en proceso. El proyecto estará siempre abierto a los nombres y destinos de aquellos asesinados, que sólo pasarán a conocerse en el futuro.

Al recordarlos estamos recordando también que los valores por los que muchos de ellos dieron sus vidas no deben darse por sentados y garantizados, sino que deben ser salvaguardados y aprendidos constantemente, para poder ser defendidos. Para este proceso de aprendizaje es vital, a la hora de recordar nuestra historia compartida, integrar sus aspectos más oscuros, junto a los más luminosos, como elementos unificadores en cómo nuestra sociedad moderna se comprende a sí misma. Por eso, proyectos como el Libro Memorial o la “La Sala de los Nombres” marcan también una contribución significativa a la integración de Europa, un continente que se define a sí mismo a través de su pasado compartido. Y, en teoría, debería aprender de ese pasado. Con el Libro Memorial y “La Sala de los Nombres” se ha dado un paso significativo hacia la dignificación necesaria, con biografías seleccionadas que documentan de forma llamativa la diversidad de orígenes y destinos de aquellos asesinados.

“La Sala de los Nombres” está formada por paneles de cristal negro que contienen los nombres de 81.000 personas de las que se saben los datos; además, también existen libros con los nombres ordenados alfabéticamente para facilitar la búsqueda. Los nombres están impresos de forma aleatoria, y esta aleatoriedad busca evitar cualquier jerarquía de recuerdo y, sobre todo, visualizar la diversidad y número de los nombres. En otras palabras, hacer comprensible el número inmenso de aquellos que murieron y la internacionalización de sus orígenes. Esto hizo posible, por primera vez, recordar de forma colectiva, pero también individual, a todos aquellos que murieron en el campo de Mauthausen. Pero mirando esos nombres surge la pregunta sobre quiénes eran realmente todas esas personas. Con su forma silenciosa, estática, todos esos nombres, fechas de nacimiento y lugares y fechas de fallecimiento, somos capaces de investigarlos, de presentarlos como un “mar de nombres”. De este modo podemos revertir algo que fue parte esencial de la estrategia de aniquilación nazi: la eliminación de la persona individual. Debemos saber quiénes eran esas personas para poder conmemorarlos adecuadamente.

El objetivo central de este proyecto es compilar una lista tan completa como sea posible de los nombres de aquellos que murieron. Esto ya nos da una idea de la escala del genocidio cometido, pero también nos permite conmemorar individualmente a cada uno de los muertos. De este modo, se busca juntar la memoria individual con la visualización de la dimensión colectiva del crimen.

Mientras las exposiciones históricas y las visitas educativas sirven principalmente para proporcionar información histórica y promover el debate abierto con y entre los visitantes, “La Sala de los Nombres” asume una función más contemplativa: sirve para recordar a aquellos que murieron, fuera de la información histórica y de las exposiciones y sus etiquetas explicativas. La imagen de los vidrios negros repletos de nombres no tiene como resultado una única imagen concreta, sino que puede transmitir alguna noción de la importancia histórica del asesinato masivo a este nivel.

KZ-Mauthausen (294)

A pesar del tiempo transcurrido, la búsqueda de rastros de los nombres de aquellos que pasaron o murieron en el complejo de Mauthausen continuará durante décadas, y puede no tener un final concreto. Esto se refleja en “La Sala de los Nombres”, donde se mantiene una zona sin utilizar en los paneles de vidrio negro, en un estado de permanente de estar incompleta. Además, una parte integral del proyecto fue la creación de un espacio virtual (www.gedenkstaetten.at/raum-der-namen), donde se pueden ir añadiendo periódicamente los nombres, fechas y biografías de los muertos.

El Memorial de Mauthausen es, al mismo tiempo, un cementerio y un lugar de educación política e histórica. Y, por tanto, un lugar dedicado principalmente al recuerdo de las víctimas. Igual que durante la creación y desarrollo del museo memorial, es gracias a las iniciativas de los antiguos prisioneros que los muertos han sido recordados desde la liberación. Por eso, hasta fechas recientes la cultura memorial estaba enraizada, en gran medida, en iniciativas privadas por parte de familiares, supervivientes y sus organizaciones, que conmemoraban a “sus” muertos de una forma muy personal.

Sólo a través de las narrativas biográficas queda claro que detrás de la cifra de 90.000 víctimas y nombres hay 90.000 historias y biografías individuales. Con la recogida de esas biografías de los incontables muertos se persigue el objetivo de prestar recuerdo y sacarlos del anonimato.

Iniciativas similares han aparecido también en nuestro país, a través de numerosas iniciativas de diferentes organizaciones y asociaciones, que han recopilado y mostrado la memoria de aquellos que fueron represaliados durante la Guerra Civil y la dictadura franquista, una memoria que no suele aparecer en los libros de texto, ni en los museos, ni en los medios de comunicación, excepto en momentos de debate social, como el que se está viviendo a raíz de la polémica sobre el Valle de los Caídos. Se trata, en su mayor parte, de iniciativas de familiares de personas represaliadas, con la finalidad de compartir datos, recabar información, mostrar los resultados y contactar con los allegados de las víctimas para perseguir su reconocimiento y homenaje. Estas iniciativas están siempre al margen de las insuficientes leyes dictadas en nuestro país.

Algunas de estas iniciativas más importantes son las establecidas por la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (http://memoriahistorica.org.es/); La Memoria Recuperada, víctimas de la guerra civil y la dictadura franquista en la Comunidad Valenciana (https://memoriarecuperada.ua.es/); la Federación Estatal de Foros por la Memoria (http://www.foroporlamemoria.info/); Fondo Documental de la Memoria Histórica en Navarra (http://memoria-oroimena.unavarra.es/); Todos (…) los nombres (http://www.todoslosnombres.org/); Asociación por la Recuperación de la Memoria Histórica de Aragón (https://www.armharagon.com/); Asociación Granadina para la Recuperación de la Memoria Histórica (http://granadamemoriahistorica.es/); Memoria y Libertad (http://www.memoriaylibertad.org/), entre otras.

A nivel público, desde hace algunos años, también el gobierno español ha desarrollado algunas iniciativas de recuperación de los nombres y datos de represaliados. El Ministerio de Cultura y Deporte del gobierno español, a través del Portal de Archivos Españoles (PARES), ha desarrollado varias iniciativas, como un buscador de “españoles deportados a campos de concentración nazis 1940-1945” (http://pares.mcu.es/Deportados/servlets/ServletController), y un buscador de “víctimas de la Guerra Civil y represaliados del franquismo” (http://pares.mcu.es/victimasGCFPortal/staticContent.form?viewName=presentacion). También las comunidades autónomas han ido introduciendo sus iniciativas, como el Memorial Democràtic de la Generalitat de Catalunya (http://memoria.gencat.cat/ca/inici); en Euskadi, el proyecto Derechos humanos, convivencia y cooperación (http://www.euskadi.eus/web01-s1lehbak/es/); Principado de Asturias (http://tematico.asturias.es/asunsoci/fosas/index.htm), etc.

Con el paso del tiempo, el simbolismo de ciertos espacios memoriales se ha “encorsetado” en rituales de conmemoración que, con el paso del tiempo, pierde cada vez más su contenido original y su fuerza impulsora, hasta que al final sólo queda una mera cáscara, vacía de contenido. Esto no se aplica, necesariamente, a Mauthausen, un lugar de conmemoración y aprendizaje, que lo ha convertido en una parte esencial de un activo proceso de recuerdo, algo esencialmente subrayado por los proyectos memoriales y de investigación, como “La Sala de los Nombres”.

Actualmente, cada vez son menos los supervivientes de la generación de los perseguidos, de las víctimas, que aún están vivos, y cada año, durante los actos conmemorativos de la liberación del campo, vemos como las cifras de supervivientes van cayendo inexorablemente y, con ellos, el recuerdo, la memoria, de los desaparecidos. Somos testigos de la gradual desaparición de una comunidad de la memoria. Y aunque consigamos preservar fragmentos de sus memorias, esas personas y sus experiencias serán siempre irreemplazables.

De ahí la necesidad de nuestro compromiso por preservar las memorias de los supervivientes que están desapareciendo, igual que nos comprometemos con el recuerdo de los muertos. Pero no menos esencial es traspasar esas memorias a las generaciones siguientes, y aprender de la historia.

Junto a las tareas de recuerdo y conmemoración, el aprendizaje de la historia también se encuentra en el núcleo del proyecto. Usando biografías y fotografías, los diferentes destinos adquieren nombres y rostros, de forma que, fuera de su totalidad, fuera de la polifonía de las voces recordadas, emerge una idea de la vida cotidiana en el campo de Mauthausen.

Mirando hacia el futuro comprendemos que necesitamos un memorial adecuado para fomentar las conciencias para defender la indivisibilidad de los derechos humanos. La aproximación cuidadosa y responsable de la historia y los ya difíciles y, desgraciadamente, a menudo fracasados esfuerzos para asumir las lecciones para el presente y el futuro, deben hacernos seguir adelante.

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