Stolpersteine. Las piedras de la conciencia

Cuando los visitantes pasean por las calles de cualquier ciudad alemana se encuentran constantes memoriales y recordatorios de la tragedia del Nazismo y del Holocausto. Y, en muchos casos, es fácil perderse las sutiles placas doradas colocadas en el suelo, a la entrada de muchos edificios, negocios y espacios vacíos. Estos discretos recuerdos sirven para conmemorar a los olvidados por la historia que se encuentra a sus pies,alrededor de Alemania. Las Stolpersteine no están colocadas de forma prominente, sino que, en general, son descubiertas por casualidad, reconocibles sólo si se ven a corta distancia, en fuerte contraste con los lugares memoriales centrales, que pueden ser fácilmente evitados.

El proyecto de las Stolpersteine, con el que Gunter Demnig, que ha estado vinculado a diversos proyectos de homenaje y conmemoración a las víctimas del Nazismo, recuerda los lugares enlos que vivieron las víctimas, basándose en el concepto de “piedras en el camino con las que se puede tropezar”. El proyecto ya se ha desplegado en una veintena de países europeos, donde ya se han colocado más de 60.000 adoquines,en más de 1.800 ciudades, en aquellos lugares en los que el régimen nazi detuvo, persiguió o asesinó a millones de personas por su origen, nacionalidad,orientación sexual o ideología.

Demnig señala que sólo se olvida a alguien cuando su nombre desaparece de nuestra memoria, y por eso los pequeños adoquines, con los nombres y los datos de las víctimas, han permitido dimensionar el alcance delos crímenes cometidos durante el Tercer Reich. Las Stolpersteine buscan que las memorias se conserven gracias a los materiales que las forman (hormigón y placas de bronce) sobre las que se estampan los datos de cada uno de los desaparecidos.

El proyecto se inició en 1995, con las primeras piedras con las que el artista señaló las casas desde las que salieron los gitanos de Colonia, en 1940, deportados hacia el campo de concentración de Buchenwald. Posteriormente Demnig comenzó a añadir al resto de las víctimas del Nazismo: judíos, comunistas, socialdemócratas, cristianos, Testigos de Jehová,homosexuales, personas con discapacidades físicas o mentales, sindicalistas,prostitutas, asociales, etc. Es decir, cualquier persona que no encajase en el imaginario nazi.

“A pesar de su reducido tamaño, se han convertido en el mayor memorial del Holocausto, una obra descentralizada, diseminada por diferentes espacios”.

La colocación de esos adoquines permite acercar a la población a los horrores del período nazi, porque de este modo la historia deja de ser un elemento puramente teórico. Todo el que se encuentra con uno de los adoquines se siente interpelado por ese pasado, y también comprende que el fascismo, igual que entonces, usa a las minorías como chivos expiatorios para propagar su mensaje xenófobo y racista. También los más jóvenes se sienten atraídos por el proyecto, como lo demuestra el hecho de que muchos centros escolares en toda Alemania han ayudado al artista en sus investigaciones sobre los lugares en los que vivieron las víctimas, o las biografías de las mismas.

Cada adoquín es único porque se realiza especialmente, a mano, como gesto de respeto y humanidad, porque quiere contrastar con el exterminio industrializado del Nazismo. No sólo se rinde homenaje a las personas asesinadas, sino también a los supervivientes, incluyendo a las personas que pudieron exiliarse y refugiarse en otros países. También recuperan la memoria de aquellas personas que, ante el destino que les esperaba,decidieron suicidarse. De este modo, de forma simbólica, las Stolpersteine reúnen a las familias o grupos de personas que fueron separadas por los nazis y los campos de concentración. Así, las Stolpersteinese han convertido en la forma de recuerdo más potente, porque nos recuerdan que las víctimas eran seres humanos y no una serie de estadísticas históricas abstractas.

Las Stolpersteine muestran al observador casual que en la casa que se encuentra frente a él o ella una vez vivieron personas que fueron arrestadas y deportadas para ser asesinadas. Y, a pesar de su reducido tamaño, se han convertido en el mayor memorial del Holocausto, una obra descentralizada, diseminada por diferentes espacios. Cuando la lee, el observador establece una conexión casi inmediata con ese oscuro pasado, de forma que cada una de ellas se convierte en un recordatorio individual, pero también colectivo, que da voz a los desaparecidos y reclama que cada ser humano tiene un nombre, una identidad. En general, hasta ahora, los memoriales existentes han fracasado a la hora de hacerlo, de personalizar a las víctimas.

“Cada adoquín es único porque se realiza especialmente, a mano, como gesto de respeto y humanidad, porque quiere contrastar con el exterminio industrializado del Nazismo. “

Existe algún nivel de oposición en algunas ciudades, como Múnich o Leipzig, que no permiten las Stolpersteine,señalando, entre otras cosas, que no quieren ver sus aceras desfiguradas, o que ya hay suficientes memoriales de recuerdo de las víctimas. En ocasiones, los propietarios de los edificios en los que se colocan las Stolpersteine se oponen también, aunque el proyecto sigue adelante.La controversia en Múnich vino provocada por las quejas iniciales de la comunidad judía bávara, que señalaba que exponer las placas con los nombres de las víctimas del Holocausto a los pisoteos de los peatones significaba una falta de respeto y una grave humillación. Tras la controversia, el ayuntamiento de Múnich decidió, en 2015, eliminar las Stolpersteine,en medio de las quejas de que eran irrespetuosas. Tras esos argumentos, el tribunal superior bávaro decidió respaldar la petición de retirada, en diciembre de 2015. Tras eso se evaluaron nuevas formas de conmemoración a los más de 10.000 habitantes de la ciudad que fueron deportados. La nueva propuesta consistiría en la instalación de una placa fijada en los muros de su antigua residencia o lugar de trabajo, acompañada de un retrato grabado.

En otras ciudades, los permisos para la colocación de las Stolpersteine fueron precedidos de largas y emocionales discusiones. En Krefeld, por ejemplo, el vicepresidente dela comunidad judía, Michael Gilad, señaló que las Stolpersteine recordaban cómo los nazis habían usado las lápidas delos cementerios judíos como parte del pavimento de las calles. La ciudad de Pulheim, con un gobierno municipal compuesto por la CDU y el FDP, denegó el permiso para colocar una Stolperstein. En la ciudad belga de Amberes, en 2009, se prepararon 23 Stolpersteine, pero no pudieron colocarse debido a la resistencia local, y fueron almacenadas en Bruselas, donde son expuestas regularmente.

Pero eso mismo, las reticencias a su colocación, inician nuevas oleadas de debates e investigaciones en referencia al pasado nazi. Y ese es un logro importante, porque no se pueden colocar seis millones de Stolpersteine por las víctimas judías,pero se puede fomentar el debate sobre el pasado. El texto inscrito en cada Stolpersteine comienza con las palabras Hier wohnte y el nombre de la víctima,con la finalidad de enfatizar que las víctimas no vivían y trabajaban en un lugar anónimo, sino justo aquí, en el lugar en que se encuentra el adoquín.

“Asumir la muerte de millones de personas va mucho más allá de nuestra capacidad de comprensión, pero si lees el nombre de una persona, ves su fecha de nacimiento, (…) el horror se convierte en algo más que una simple cifra, un número o un concepto abstracto.”

Los esfuerzos para conmemorar a los desaparecidos se han ido incrementando recientemente. La diversidad local de formas de conmemoración y recuerdo ha ido creciendo en un campo diverso en el que los proyectos se desarrollan de formas desiguales. Un buen ejemplo, en Múnich, es el NS-Dokumentationszentrum, creado en 2015, en la antigua Braunes Haus (la Casa Parda, cuartel general del NSDAP). Otra forma fue el proyecto artístico Hier wohnte, de 2016, que colocaba maletas blancas ante las casas de los deportados, una llamativa contribución atales formas vivas de recuerdo.

Asumir la muerte de millones de personas va mucho más allá de nuestra capacidad de comprensión, pero si lees el nombre de una persona, ves su fecha de nacimiento, calculas su edad, miras hacia el lugar en que vivía, entonces el horror se convierte en algo más que una simple cifra, un número o un concepto abstracto. También inspira a quienes se detienen a leerlas Stolpersteine a reflexionar sobre la persecución sufrida por los perseguidos.

A través de los datos biográficos presentados en las Stolpersteine, y los “delitos” que provocaron sus detenciones, muestran la enorme diversidad de los habitantes de Alemania antes de 1933, honrando su memoria e invitando a los observadores a reflexionar sobre esos hechos históricos. Las cifras del exterminio son inconcebibles,completamente abstractas, igual que el concepto de Holocausto o de Auschwitz,sobre todo para las generaciones más jóvenes y más distanciadas del hecho histórico.

Este tipo de homenajes ha tenido un gran recibimiento por toda Europa, e incluso empieza a extenderse hacia América Latina. Y, aunque Alemania es el país que más Stolpersteine ha instalado, se ha abierto a muchos países de Europa en los que el trauma del Holocausto aún tiene su impronta, como en Austria, Holanda, Bélgica, Hungría,República Checa, Noruega, Polonia, etc. Cuando Demnig comenzó su proyecto colocó 50 Stolpersteine en las aceras de Berlín lo hizo de forma ilegal: hoy hay más de 7.000 sólo en la capital alemana, y casi 60.000 en toda Europa, desde Trondheim (Noruega) a Tesalónica(Grecia) o Navàs (Catalunya).

Ahora el proyecto está llegando a España, donde ya se recuerda a algunas víctimas republicanas del Nazismo y de los campos de concentración. Una de las más eminentes fue la colocación el 25 de enero de 2018 de una de las Stolpersteine ante la casa de Neus Català, antigua deportada al campo de concentración de Ravensbrück, en el municipio de Guiamets (Priorat). En Catalunya se han colocado estos recordatorios en Navàs (que fue la primera población en hacerlo,en 2015), Sabadell, Girona, Manresa, Tarroja de Segura, Granyena de Segarra, Talavere, Ribera d’Ondara, Castellar del Vallès, Igualada, Granollers, Olesa de Montserrat, Torà, Sanauja y Cervere. La Comunidad Valenciana, después de Catalunya, es la segunda en secundar la iniciativa europea, en Requena y Ontinyent. Pero también hay otros puntos de España con placas que recuerdan a los deportados a los campos de concentración, aunque no Stolpersteine.

En España, las Stolpersteine se han centrado en aquellos republicanos españoles que fueron deportados y exterminados en los campos de concentración nazis, o que desaparecieron en la vorágine de la Segunda Guerra Mundial (como la familia de Sabadell exterminada en la matanza de Oradour-Sur-Glane) .Los republicanos españoles huidos a Francia fueron detenidos por el régimen nazi, entregados al régimen de Vichy o deportados a diversos campos de concentración, principalmente Mauthausen. En total, de los 9.300 deportados,más de la mitad fueron asesinados.

En el caso de nuestro país, las Stolpersteine deberían convertirse en una lección de recuerdo para las víctimas, una lección para aquellos países que niegan y reniegan del pasado y permiten que haya víctimas no recordadas, y que miles de ellas sigan en las cunetas. O como en España, que no sólo se recuerda a las víctimas, sino que se ensalza la figura del dictador y de los perpetradores.

Si en España debe extenderse el proyecto de las Stolpersteine es necesario que se impliquen también las instituciones, pero con respeto a las familias y asociaciones que llevan décadas trabajando en estos temas, siempre con el abandono de esas mismas instituciones. El proyecto debe servir para explicar,una y otra vez, los hechos, recordando que hubo españoles deportados a los campos de concentración. Ha de servir para extender la idea de que los españoles también fueron víctimas del Nazismo.

Un elemento especial son las Stolperschwellen, los “umbrales de tropiezo”, más grandes, destinadas a conmemorar a grupos enteros de una localidad en un único lugar. Por ejemplo, uno se encuentra en la estación principal del Stralsund, desde donde fueron deportados, en diciembre de 1939,1.160 enfermos mentales. Otras conmemoran a las mujeres trabajadoras forzosas de Geiβlingen, víctimas de la eutanasia en Mesenburg, o los gitanos (Roma und Sinti) de Colonia. En octubre de 2017 se instaló la primera Stolperschwelle fuera de Europa, en Buenos Aires, para conmemorar a los niños que se vieron obligados a huir de Europa entre 1939-1945.

“En algunas ciudades, como en Berlín, el proyecto de las Stolpersteine ha desembocado también en diferentes proyectos educativos, que intentan concienciar a los más jóvenes del mensaje que pretenden promover.”

El historiador Joseph Pearson ha señalado que “no es lo que está escrito [en las Stolpersteine] lo que intriga [al observador], porque la inscripción es insuficiente para conjurar a una persona. Es el vacío, el hueco, la falta de información, las fauces de los olvidados, lo que da a los monumentos su poder y los aleja de la banalidad de una estadística”. A menudo son los ciudadanos de una población los que impulsan la instalación de las Stolpersteine,señalando que están motivados por la idea de que “eran nuestros vecinos” y su deseo de recordar los nombres de las víctimas o, simbólicamente, permitir al deportado volver al lugar que, por derecho, le correspondía.

El debate constante sobre el proyecto memorial de las Stolpersteine demuestra lo actual que son las dimensiones políticas de la cultura histórica, que enmarca las dimensiones cognitivas y estéticas.

El proyecto educativo

En algunas ciudades, como en Berlín, el proyecto de las Stolpersteine ha desembocado también en diferentes proyectos educativos, que intentan concienciar a los más jóvenes del mensaje que pretenden promover.

En Berlín, la Oficina de Coordinación de Stolpersteine ofrece ayuda sustancial para la realización de diferentes proyectos relacionados, dirigida a escuelas y proyectos extra escolares. Esa ayuda está dirigida a jóvenes que quieren investigar las historias individuales de los berlineses que fueron perseguidos por el Nazismo. Hubo muchas razones por las que las personas fueron perseguidas, y esa variedad se ve expresada en el proyecto de las Stolpersteine, porque recuerdan a todos los grupos de perseguidos.

En el proyecto, los jóvenes son acompañados en su investigación por profesionales competentes, que colocan el destino de los perseguidos en el contexto general de su persecución específica. El objetivo es animar una comprensión de los numerosos mecanismos de estigmatización y su continuidad. En este sentido, se enseña que los programas de asesinatos nazis habían tenido una larga historia de racismo, discriminación política y marginación, y que éstos fueron apoyados por la mayoría de la población, deforma que pudo desarrollarse hasta el punto del genocidio sistemático y organizado.

Los proyectos educativos se basan en el trabajo con las Stolpersteine que ya han sido colocadas.Puede realizarse trabajo biográfico adicional, y la historia de los vivos y el aprendizaje involucra a los más jóvenes. También se desarrollan proyectos destinados a la colocación de nuevas Stolpersteine,y en estos casos, la parte central del proyecto es la colocación de los adoquines. Otros proyectos educativos de las Stolpersteine están dirigidos a personas menores de 12 años. La ayuda ofrecida está dirigida a todos los tipos de escuelas y actividades extraescolares. De acuerdo con el conocimiento anterior de los participantes sobre el tema del Nazismo, el programa comienza con una fase introductoria, de forma que se contextualice la investigación biográfica.

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