2019. Centenario del asesinato de Rosa Luxemburg

El 15 de enero de 2019 se cumple el centenario del brutal asesinato de Rosa Luxemburg y Karl Liebknecht, dos de los fundadores del Partido Comunista alemán, por parte de militares alemanes y la complicidad del gobierno socialdemócrata, que se empeñaron en una represión sangrienta que se desencadenó tras la sublevación de decenas de miles de soldados, marinos y obreros, un conato de revolución iniciada en noviembre de 1918, tras la derrota alemana en la Primera Guerra Mundial. Esta represión, ordenada por un gobierno socialista, y el doble asesinato provocaron la ruptura histórica entre socialdemócratas y comunistas que, durante la República de Weimar, permitiría el ascenso del nazismo.

Rosa Luxemburg presenció el nacimiento de una revolución que deseaba pero que, a pesar de su ideario socialista, fue la primera en criticar, unas críticas que realizó cuando Rusia aún no se había convertido en la dictadura totalitaria que llegó a ser y que ella no conoció. Su interpretación de la historia, que concebía como el fruto de la actividad humana, era vital, dinámica y, al mismo tiempo, mostraba las profundas contradicciones del capitalismo, pero tampoco consideraba que la victoria del socialismo fuera inevitable. Pensaba que el capitalismo podía ser tanto la antesala del socialismo como de la barbarie.

“Quienes no se mueven,
no notan sus cadenas”

Su independencia de criterio fue la inspiración más importante para todos los socialistas y, por tanto, nadie censuraría como ella el intento de canonizarla, de convertirla en una “autoridad infalible”, en creadora de escuelas de pensamiento, como intentó el régimen germano-oriental.

La vida de Rosa Luxemburg estuvo totalmente dedicada a la lucha por la revolución socialista, que para ella no era una mera utopía, sino la realización de una necesidad histórica, en términos dialécticos. Franz Mehring, historiador marxista y biógrafo de Marx no exageraba cuando consideraba a Luxemburg como “el mejor cerebro marxista después de Marx”.

Luxemburg se convirtió en un icono para los sucesivos partidos comunistas alemanes, para el régimen de la República Democrática Alemana, pero también para la izquierda inconformista y miembros de la oposición al régimen, que invocaban su figura como un modelo político a seguir.

“El liberalismo económico
es la zorra libre
en el gallinero libre”

Considerada como la “espada y llama de la revolución”, el nombre de Rosa Luxemburg quedará grabado como el de una de las más grandiosas e insignes figuras del socialismo internacional. Sus ideas fueron repudiadas, muy especialmente por el comunismo y el bolchevismo, y sus principales detractores procedían de los sectores de la izquierda más tradicional. De hecho, durante la III Internacional, en 1925, se condenó el “luxemburguismo” como una herejía política.

Aunque alabó repetidamente la Revolución Rusa en los términos más encomiables, Luxemburg creía que una aceptación a-crítica de todo lo que hicieran los bolcheviques no sería de utilidad para el conjunto del movimiento obrero. Para ella estaba claro que las condiciones de aislamiento de la revolución, causadas por la traición de la socialdemocracia occidental, conducirían a distorsiones en su desarrollo. La idea de la imposición de la “emancipación” desde arriba era una contradicción, y rechazaba la idea bolchevique de una vanguardia que liderase a las masas hacia la revolución: debía llegar desde abajo.

Tras su asesinato, Luxemburg y Liebknecht se convirtieron en mártires clave del comunismo alemán, y se convirtieron en celebrados ancestros del Partido durante los años de la República de Weimar, el Nacionalsocialismo y, tras el final de la Segunda Guerra Mundial, de la RDA. En junio de 1926 se llevó a cabo la conmemoración de dedicación del “Memorial a los participantes en la Revolución de Noviembre”, en el cementerio de Berlín-Friedrichsfelde, donde estaban enterradas importantes figuras socialdemócratas y comunistas. Durante toda la República de Weimar, el KPD organizó ceremonias memoriales anuales para honrar a los revolucionarios caídos en el monumento diseñado por el arquitecto Mies van der Rohe, en el que figuraba una estrella soviética y un asta de bandera, junto a la inscripción Ich war. Ich werde sein.

Gedenkstätte der Sozialisten, Memorial en el Cementerio de Friedrichsfelde, Berlín. Foto: A.Savin

Cuando los comunistas llegaron al poder en la Alemania oriental uno de sus actos más importantes fue inmortalizar a sus héroes en calles, plazas, colegios, factorías y monumentos. Todos los nombres anteriores de esos lugares, tanto si eran de músicos, políticos, escritores, pensadores, etc., fueron eliminados para transformarse en iconos del comunismo.

“Quien es feminista y no es de izquierda,
carece de estrategia.
Quién es de izquierda y no es feminista,
carece de profundidad”

Aunque para muchos en el Oeste Luxemburg personificaba el origen de un experimento totalitario condenado al fracaso, su imagen mitificada fue frecuentemente citada por aquellos que estaban a favor de la democratización socialista de la RFA. Desde finales de los 1960 sirvió como icono popular, apoyando los intentos de trasladar la cultura política de la república hacia la izquierda. Sin embargo, los admiradores de Luxemburg en la Alemania occidental tuvieron que esperar a 1987 para la primera memorialización pública significativa del nombre de su heroína: las letras de hierro fundido con su nombre se levantan en el sendero del Canal Landwehr, en el Tiergarten de Berlín, el lugar en el que su cuerpo fue arrojado tras el asesinato.

Memorial en el Canal Landwehr, en el Tiergarten de Berlín. Foto: Rosa Luxemburg, Katharina-Heinroth-Ufer

El SED transformó el aniversario del asesinato de Luxemburg y Liebknecht en un ritual conmemorativo en el que el partido se presentaba no sólo como el heredero de ambos, sino también como la fuerza política que completaría esa lucha revolucionaria y cumpliría su misión final. El SED necesitaba una imagen constante de Luxemburg como una revolucionaria y como una mártir en la lucha contra el fascismo. Sus desacuerdos con Lenin, su deseo de un dominio democrático, y todos los otros aspectos críticos de su legado, es decir, su heterodoxia, que no hablaban de las necesidades de legitimación del partido, fueron eliminadas e incluso temidas. Mientras la Alemania oriental se aprovechaba del estatus de culto de “nuestra Rosa y Karl”, se intentó borrar su memoria popular. La mujer que era tan festejada por los líderes del estado comunista no existió nunca en realidad: sólo la consideraban una mártir, no una política, porque representaba mucho más que un desafío.

Sin embargo, contar con Luxemburg en ese panteón de héroes y mártires tenía un potencial subversivo. Sus ideas siempre enfrentaban al SED con un dilema: uno de sus más importantes ancestros era cualquier cosa excepto una marxista-leninista ortodoxa. Eso requería, en el caso de Luxemburg, que su legado y herencia fuesen adaptados y reinventados, de forma que pudiese encajar en la meta-narrativa que formó la visión redentora del SED. Aunque Rosa, la mártir, se mantuvo sacrosanta, Luxemburg la teórica fue condenada, a menudo, por sus “errores”.

Tanto Luxemburg como sus escritos fueron siempre una espina en el costado del ala estalinista del KPD y de su heredero, el SED, e intentaron repetidamente eliminar los valores democráticos que habían sido parte de su legado y su memoria.

El Gedenkstätte der Sozialisten (Memorial de los Socialistas) era más que un mero memorial por Luxemburg y Liebknecht: también era una manifestación del mito del partido, de su herencia. Sus tumbas no sólo eran parte del memorial, sino también las de otros líderes comunistas, e incluso socialdemócratas, importantes para el SED.

El problema era cómo encajar a Luxemburg cuando el luxemburguismo era condenado como una desviación. Por ejemplo, frases esenciales del ensayo de Luxemburg sobre la Revolución Rusa fueron usadas por los disidentes para demandar reformas, en la búsqueda de una forma de socialismo más democrática. Una edición completa de sus escritos no fue publicada hasta los años 1970, aunque su controvertido ensayo sobre la revolución, en el que criticaba el bolchevismo y que contenía su famosa frase “la libertad es siempre la libertad de aquellos que piensan diferente” no fue publicado en la RDA hasta 1974, aunque algunas frases “ofensivas” se desvanecieron en una simple nota a pié de página.

Un ejemplo de la difícil relación de Luxemburg con el régimen y su memoria, fue el uso de su figura por parte de disidentes, durante la crisis final del régimen comunista. Durante la celebración memorial de 1988, los miembros del incipiente movimiento ciudadano decidieron unirse a la conmemoración y participar en la marcha con sus propios carteles y eslóganes: uno de ellos llevaba la famosa cita sobre la “libertad de aquellos que piensan diferente”. El régimen vio en esto una provocación imperdonable y reaccionó de forma instantánea, arrestando a todos los participantes. Sin embargo, la referencia a Luxemburg demostró ser un desafío real al monopolio interpretativo del partido. Incluso algunos de los funcionarios de la Stasi que fueron enviados a arrestar a los provocadores, tal como indicaban los informes internos de la Stasi, no estaban seguros de porqué llevar una cita de Luxemburg debía ser considerado una ofensa.

Dirigentes de la República Democrática Alamana, durante la conmemoración del asesinato de Luxemburg y Liebknecht, 15 de enero de 1989. Foto: Bundesarchiv

En el otoño de 1989 el SED había perdido completamente el control. El partido estaba desesperado por demostrar que estaba preparado para reformarse. Pero, a la luz de las manifestaciones masivas de octubre de 1989 y la caída del Muro en noviembre de ese año, el SED, ahora renombrado PDS, incorporó la hasta ahora condenada idea del socialismo democrático de Luxemburg a su programa de partido.

Pero la situación no evolucionó como había planeado el SED-PDS: aunque siguió intentando monopolizar la organización del ritual tuvo que abandonar el plan y compartir el evento con otros grupos izquierdistas, incluso de opositores al antiguo régimen germano-oriental.

Tras la “revolución pacífica” de 1989, muchos héroes socialistas venerados en la iconografía comunista desaparecieron de la memoria pública en la Alemania unificada. Algunos, como los monumentos a Lenin, fueron demolidos por toda la Europa oriental a comienzos de los 1990, y desapareció cualquier tipo de conmemoración de su memoria. Sin embargo, Luxemburg y Liebknecht corrieron un destino muy diferente. Incluso en la actualidad, miles de personas visitan el Gedenkstätte der Sozialisten, anualmente, para conmemorar a los dos líderes comunistas.

El caso de Luxemburg es muy diferente. Como señala Riccardo Bavaj, su memoria aún provoca intensos debates públicos, tales como el relacionado con la cuestión de un memorial para ella en Berlín, que se desarrolló en 2006. Bavaj afirma que la creación de un memorial que, finalmente, era un “no memorial”, representando tanto la irrecuperabilidad como desconexión del pasado, era la única forma de memorializar públicamente a una socialista revolucionaria como Luxemburg en la Alemania unificada.

La memoria de Luxemburg o Liebknecht se mantienen aún como una memoria “viva”, que aún provoca debates emocionales, mientras otros líderes comunistas del panteón de la RDA han desaparecido rápidamente. La principal conmemoración ritual en honor de Luxemburg y Liebknecht, que había sido un evento destacado en el calendario político de la RDA, goza aún de gran popularidad, incluso en la actualidad, mientras otros héroes de la clase obrera, como Thälmann o Lenin reciben tan pocos honores. Por eso la memorialización y la conmemoración de Luxemburg actúan como un prisma que entrelaza y refleja memorias diferentes y, a menudo, contrapuestas.

Tras la reunificación, Rosa Luxemburg fue presentada como una profetisa del socialismo democrático, una invocación que permitía al SED-PDS presentarse como un partido reformado, comprometido con la democratización del país, interesado en asumir su pasado, en un intento de trazar una línea separadora tras el período del régimen comunista germano-oriental. A pesar de todo, los disidentes se plantearon este giro completo como un intento de secuestro de la figura y las ideas de Luxemburg. Rápidamente, la conmemoración de Luxemburg se convirtió en un evento para todos los sectores de izquierda.

Desde mi punto de vista, Luxemburg siempre había tenido un atractivo especial para los sectores más inconformistas de la izquierda, los heterodoxos, y a partir de 1988 la conmemoración se convirtió en algo más que la mera aclamación anual del partido: era también un lugar donde aquellos que pensaban de forma diferente entraban en la esfera pública. Sin embargo, en la Alemania reunificada el ritual no se convirtió en una conmemoración anual en contra de la RDA, sino que, al contrario, se ha ido transformando también en una forma de conmemoración nostálgica del régimen comunista.

La herencia de Luxemburg, que el PDS (ahora denominado Die Linke) reclamaba como propia, era el concepto del socialismo democrático. Centrándose en esa idea el PDS no se veía obligado a enfrentarse con las difíciles relaciones que el SED había tenido con el icono comunista, sino que podía presentarse como un partido totalmente diferente por derecho propio.

En ese período inmediatamente posterior a la reunificación se iniciaron las campañas para la creación de un memorial por Rosa Luxemburg en Berlín, impulsado especialmente por miembros del PDS. Cuando en 2002 el partido entró en una coalición de gobierno, junto al SPD, la construcción de ese memorial se convirtió en parte del acuerdo de coalición, aunque el proceso aún duraría varios años.

El proceso de construcción del memorial, como sucede muchas veces, se convirtió también en un proceso de asunción del difícil pasado alemán, como ya había sucedido con el pasado nazi.

Cita de Luxemburg, en la Rosa-Luxemburg-Platz de Berlín. Foto: Bezirksamt Mitte.

El Denkzeichen (memorial de pensar) se compone de docenas de barras de cemento negro, enterradas en el suelo, y de unos siete metros de largo, que han sido dispersadas libremente en el centro de la capital alemana. Cada barra lleva una única cita, en letras de bronce, seguidas por el nombre de Luxemburg y su fecha de nacimiento y muerte, señalando que fue “revolucionaria socialista y cofundadora del KPD”. Una sesentena de citas, tomadas de discursos, artículos y cartas escritas por Luxemburg entre 1898 y enero de 1919, puede encontrarse durante un paseo por la plaza que lleva su nombre.

Luxemburg no podía ser conmemorada en un memorial clásicamente figurativo, sino algo más discursivo: de ahí la búsqueda de un Denkzeichen, un memorial que provoque pensamiento, reflexión en el observador. Pero, al mismo tiempo, es un memorial que puede pasar totalmente desapercibido para el transeúnte que no esté buscándolo específicamente.

El hecho de que el Denkzeichen no sea un lugar concreto, sino que esté integrado en el paisaje urbano del entorno, sin separación física del mismo, y que carezca de un punto focal determinado, de un único núcleo central, refleja el hecho de que su figura, su recuerdo, su conmemoración se puede encontrar por toda la ciudad. Pero esto provoca también que no puede existir un uso ceremonial del memorial: se trata de un memorial “anticonmemorativo”.

El memorial diseñado por Hans Haacke fue inaugurado en 2006, y comprende diferentes citas de Luxemburg: las citas fuerzan al observador, al transeúnte, a caminar a través de los “complejos pensamientos” de Luxemburg, y está completamente abierto a diferentes interpretaciones, según el punto de vista de cada observador. Sin embargo, este monumento refleja también la complejidad de la figura histórica de Luxemburg, y no sólo la compleja historia de su memorialización y conmemoración. El memorial es poco espectacular, discreto, sin apenas potencial para causar debate en la sociedad. La naturaleza discreta de las “marcas de pensar” está subrayada por el hecho de que algunas de las letras parecen desgastadas por el paso de los transeúntes.

“La libertad es siempre y exclusivamente libertad para aquel que piensa diferente”

El legado de Luxemburg se puede encontrar por todas partes: los viejos comunistas y los jóvenes izquierdistas marchan por las calles de Berlín cada año para colocar flores en su tumba, mientras otros muchos líderes comunistas han visto borrada su memoria tras la caída del Muro: Luxemburg, cuya muerte temprana evitó que se asociase su nombre con el lado más oscuro del comunismo, ha mantenido su puesto de honor.

Todas estas circunstancias hacen que Luxemburg sea considerada aún como una pensadora totalmente contemporánea y que crezca su popularidad entre sectores tan diversos.

Por supuesto, el elemento desconocido es lo que hubiera pasado si Luxemburg y Liebknecht no hubiesen sido asesinados en 1919. ¿Hubiesen conseguido con su influencia que el KPD se mantuviese alejado de su curso marxista-leninista y, finalmente, estalinista? ¿Hubiese podido una izquierda unida evitar el surgimiento y el ascenso del fascismo? Sin querer entrar en la especulación histórica, lo más probable es que hubiesen sido expulsados del partido, que ellos mismos habían creado, o que hubiesen perdido cualquier tipo de influencia en el mismo.

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