El manifiesto en favor de la democracia que no debería ser necesario

La moción de censura impulsada por Santiago Abascal y VOX tuvo sus repercusiones, incluso antes de acabar el debate. Una de ellas fue la firma del “Manifiesto en favor de la democracia”, que no firmó ninguna de las formaciones de la derecha.

El pasado 22 de octubre, el mismo día de la moción de censura presentada por VOX, las formaciones políticas Bloque Nacionalista Galego, Candidatura d’Unitat Popular, Compromís, Esquerra Republicana de Catalunya, Euskal Herria-Bildu, Partido Nacionalista Vasco, Junts per Catalunya, Más País, PSOE y Unidas Podemos-En Comú Podem-Galícia En Común, firmaron un histórico “Manifiesto en favor de la democracia”. Este manifiesto podría calificarse como un acto de gran importancia, debido al gran número de partidos, de orientaciones tan diferentes, firmantes del mismo. Evidentemente, ningún partido de la “extrema derecha o la derecha extrema” (como se señala a PP y Ciudadanos) se ha sumado al manifiesto.

Los partidos firmantes de este histórico documento hacen referencia a los discursos de odio de la extrema derecha, pero también a las declaraciones negacionistas respecto a la pandemia de coronavirus, que tanto daño hacen a la sociedad española.

La firma del manifiesto ha desencadenado una gran campaña mediática de los medios de comunicación conservadores y de extrema derecha, en contra del mismo y de sus firmantes.

El manifiesto

En el manifiesto, las fuerzas firmantes reafirman “nuestro compromiso con los derechos humanos, la democracia, la justicia social y la igualdad entre todos los ciudadanos y ciudadanas, sin importar el lugar donde hayan nacido, su género, creencias religiosas u orientación sexual”.

El objetivo principal es denunciar “los discursos racistas, xenófobos, machistas que hemos escuchado en lo que va de legislatura por parte de la extrema derecha y derecha extrema son incompatibles con los valores propios de un sistema democrático y suponen un peligro para la convivencia”.

“Reiteramos nuestro compromiso en la lucha contra los discursos y las actitudes de odio, que de ninguna manera deben quedar impunes, así como en el rechazo a cualquier tipo de apoyo de la extrema derecha, especialmente cuando afecte a la gobernabilidad de las instituciones, ya sea por activa o por pasiva”. De este modo, los partidos firmantes reafirman su compromiso con la democracia.

Al mismo tiempo, reconocen “a los luchadores y luchadoras por las libertades que combatieron el fascismo, cuya memoria también ha sido menospreciada”, y lo continúa siendo, por la extrema derecha.

Este manifiesto debe convertirse en una respuesta del bloque progresista del Congreso, en desafío al discurso de la extrema derecha y la derecha extrema. Se trata de cerrar filas para velar para que en la política española se asiente el debate democrático, sin crispación, sin odio. Algo en lo que muchos políticos se sienten demasiado cómodos últimamente.

El varapalo europeo a VOX

Los discursos de odio de la extrema derecha española también han llegado a las instituciones europeas, como está quedando en evidencia estos días.

Hace un tiempo, el eurodiputado de VOX Hermann Tertsch envió un mensaje a los diputados de la Cámara en que alertaba de la “extremadamente alarmante aprobación por parte del gobierno socialcomunista español de un proyecto de ley denominado ley de memoria histórica”. Aseguraba también que el gobierno “socialcomunista” pretende reconstruir el pasado y la historia de España e imponer la versión del Frente Popular, “el gobierno liderado por los comunistas, que perdió una guerra civil, después de secuestrar y destruir la democracia”.

Ante este mensaje, el presidente del Parlamento Europeo, David Sassoli, ha proporcionado un varapalo al eurodiputado, al que ha acusado y censurado públicamente, por falsear la historia. Al mismo tiempo, también le ha advertido que no permitirá ningún tipo de glorificación de la dictadura, al amparo de la libertad de expresión, algo que la extrema derecha está habituada a hacer.

Sassoli ha destacado el contenido del mensaje de Tertsch, que ha rechazado, a raíz de la resolución del Parlamento Europeo, aprobada el 19 de septiembre de 2019, en la que se condena explícitamente el revisionismo histórico. La resolución de la Eurocámara destacaba la necesidad de promover una cultura común de la memoria histórica que rechace “los crímenes de los regímenes fascistas y estalinistas y de otros regímenes totalitarios y autoritarios del pasado”.

En este sentido, frente a las palabras de Tertsch, Sassoli señala que “el gobierno de la República española, legítimo, constitucional y democráticamente escogido, fue derribado por un golpe de estado. Quién dirigió aquel alzamiento, el general Franco, fue un dictador y su régimen practicó la persecución y la eliminación sistemática de los adversarios políticos”.

Frente al concepto de “ninguna glorificación de ninguna dictadura”, Sassoli señala que es una “falsificación de la historia” afirmar, como hizo Tertsch, que los partidos que apoyaron al gobierno de la República “destruyeron la democracia y las libertades”. Además, Sassoli señala que el mensaje de Tertsch no cumple con los principios comunitarios sobre memoria democrática y protección de las víctimas. Además, se trata de unas declaraciones que provienen de un partido que no condena el franquismo y que participa en actos de glorificación y banalización de la dictadura.

La necesidad de un “cordón sanitario” contra la extrema derecha y la derecha extrema

Se ha dicho por activa y por pasiva, también desde las páginas de Elestado.net: no les importan los hechos, no les importa la verdad, no necesitan excusar sus mentiras y sus bulos: les salen gratis. Este discurso de odios y mentiras se ha convertido en una nueva normalidad en nuestras vidas: los vemos en el Congreso, en los medios de comunicación, en el día a día, en las redes sociales.

Se trata de un discurso que no aporta razones o argumentos, que se basa en el insulto y la agresividad, con una fuerte carga de emotividad y banalización de temas tan importantes como el machismo, la homosexualidad o la inmigración.

El objetivo final de ese discurso es, única y exclusivamente, hacer caer un gobierno libre y democráticamente elegido, que puede gustarnos más o menos, pero que salió de las urnas, con un compromiso histórico. La derecha no ha sabido aceptar democráticamente los resultados de esas urnas, y por eso no va a permitir que gobiernen.

Todo vale, para ellos, para tapar su falta de propuestas, su corrupción o buscar un rédito electoral cortoplacista, que no va más allá de la próxima cita en las urnas. Y tapan la falta de propuestas de ese discurso recurriendo al odio y la intransigencia hacia los “otros”, los que no piensan como ellos.

Estamos viviendo la situación más extraordinaria, posiblemente, de la historia de España: somos víctimas de una pandemia que está asolando nuestra economía y sociedad, pero venimos ya de una crisis económica que ha provocado una expansión de la pobreza que aún no alcanzamos a poder valorar. Pero todo eso les da igual. Sólo buscan la confrontación, expanden la mentira, utilizan a las víctimas, cuando más necesaria tendría que ser la unidad y la colaboración de todos los sectores sociales, políticos y económicos. Esto provoca un problema de falta de cohesión social, que profundiza las desigualdades sociales

A pesar de erigirse en defensores de la “sacrosanta” identidad de España, apropiándose del concepto de la nación y de sus símbolos, vemos una oposición desleal, que entorpece y resta apoyo, que no coopera, que desacredita las medidas que los expertos consideran urgentes y esenciales para superar la pandemia, etc. Esa postura de brutal oposición limita la capacidad de actuación del gobierno. Pero también mina las instituciones del país: crisis de confianza de la ciudadanía, crisis de una monarquía corrupta hasta sus raíces, que socava la necesaria reconciliación y la memoria histórica de las víctimas, que fomenta la ignorancia y la agresividad. Es así que en Europa se sorprenden del nivel al que se llega para desestabilizar al gobierno.

A todo esto, se suma el blanqueo que la derecha “democrática” (lo que el “Manifiesto por la democracia” llama la derecha extrema) está haciendo de la extrema derecha de VOX: PP y Ciudadanos les han permitido llegar a las instituciones, gobiernan ciudades y comunidades autónomas con ellos, sólo por conseguir llegar, de nuevo, al poder. Pero esto provoca que la extrema derecha marque la agenda política de esas instituciones, como se ha demostrado, repetidamente, en Madrid y Andalucía. A pesar de la intervención de Pablo Casado, durante la moción de censura, contra Abascal y su formación, sus palabras no resisten a sus hechos.

Por ejemplo, el PP sigue en una deriva reaccionaria contra la memoria histórica real y democrática de España, y afrentando a los personajes que la representa, como demostró con la retirada del monumento a Largo Caballero o la retirada de los nombres de los represaliados en el cementerio de La Almudena. Se trata de una vergüenza histórica dedicarse a la persecución de figuras democráticas, porque son propuestas que incitan al odio, a la confrontación y al rencor, que es lo que busca la extrema derecha. Posiciones como esta hacen evidente que las palabras de Casado han sido sólo banalidades como estrategia electoral, pero nada creíbles.

Mientras en Europa se plantea el “cordón sanitario” contra la extrema derecha, en España los partidos de la derecha siguen empeñándose, imprudentemente, en algo que puede ocasionar sinsabores y perjuicios a la sociedad. Al mismo tiempo, se han internado en la deriva radical de la estela de VOX, con discursos extremistas que buscan reescribir la historia y desprestigiar a figuras que son un referente de la libertad y la democracia en España.

Es la misma extrema derecha que incapaz de condenar la dictadura de Franco, cuando no se vanagloria de la misma, que no quiere hablar de memoria histórica, porque no entra en sus cálculos electorales la reparación de las víctimas y de sus familias.

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